Hola papá,

Tengo muchas ganas de escribirte esta carta.

Ya sé que sabes que te quiero por encima de todo, pero te mereces (y necesito) que sepas todo lo que me aportas y lo que significas para mí.

Es cierto eso que dicen que en el tiempo que pasas junto a alguien importa la calidad más que la cantidad. Cuando era niña trabajabas muchas horas fuera de casa, pero el tiempo que estábamos juntos era oro. Deseando de lunes a viernes que llegaran las nueve de la noche para oírte toser mientras subías la escalera y esperar ansiosa a que sonara el tintineo de las llaves en la cerradura y abrieras la puerta. Sin duda ése era el mejor momento del día.

Nunca noté si venías cansado del trabajo o habías tenido un mal día porque nunca me dijiste no a una partida de parchís, porque siempre preferiste escucharme a mí antes que a la tele y porque siempre me dejaste apoyarme en tus rodillas aun cuando lo que necesitabas era estirar las piernas.

Y el sábado volvías a madrugar para llevarme a los partidos de baloncesto. Los sábados eran especiales porque eran nuestros. No hacía falta tener un súper plan. Simplemente ir a mi partido temprano, ir a ver a la yaya después, comer ya en casa, ver la peli del oeste que tocara en tv1…. Pero estaba contigo, y eso era genial… era lo mejor .

Es curioso… durante años, como una absurda adolescente, estuve soñando encontrar a mi príncipe azul. Cuando en realidad el hombre de mi vida siempre había estado a mi lado, desde el principio, cuidándome y apoyándome siempre.

Sí papá, con toda seguridad, TÚ ERES EL HOMBRE DE MI VIDA.

¿Por qué?

Porque SIEMPRE me has respetado.

Porque SIEMPRE me has valorado.

Porque SIEMPRE me has animado.

Porque SIEMPRE me has perdonado.

Porque SIEMPRE te he encontrado.

Porque SIEMPRE me has querido.

Porque SIEMPRE te he tenido.

Me gusta que sigas aprobando cada decisión que tomo. Me gusta tenerte a mi lado. Aunque a veces sea en silencio. Me gustan nuestros silencios. Me gusta encontrar tu mirada en medio de la locura que es a veces mi vida. Porque tus ojos me aportan seguridad. Tus ojos me tranquilizan.

Aunque no expreses tus sentimientos, sé que tu extrema sensibilidad te estará haciendo pasar un mal rato ahora mismo al leer esta carta, así que no quiero alargarlo mucho más.

Sólo decirte una última cosa. El mejor regalo que he hecho a mis tres hijos, eres tú. Ellos te adoran y como yo, saben lo especiales que sois mamá y tú. Estoy convencida de que el tiempo que pasan contigo, como cuando yo era niña, también es oro.

Te quiero PAPÁ

(Y tú no te pongas celosona mamá, que sabes que también te quiero  )

Sandra.

P.D. Un deseo… teneros de la mano toda la vida.

Manos unidas padre e hija

El Baúl de Lucas