– Chicos, ¿sabéis qué? Os voy a contar un secreto…

Tenía delante a dos niños preciosos que me miraban con los ojos como platos y que por aquel entonces contarían con 3 y 4 años.

– Mamá tiene guardada una capa en un lugar que nadie conoce, y por las noches cuando estáis dormidos, me la pongo y salgo a salvar a los niños del mundo.

Ellos alucinaban y muchas noches me pedían que les contara alguna de mis aventuras como “Súper Mamá”. Así, con esta mentirijilla piadosa, hemos estado durante años y nos lo hemos pasado bien, la verdad…

San y niños

Hacía tiempo que no surgían en casa las “aventuras de Súper Mamá” y el otro día, no recuerdo muy bien por qué, creo que fue algo respecto a Lucas, volvió a salir el tema…

– Chicos, pronto habrá que contarle a Lucas nuestro secreto…

– ¿Qué secreto?

– El de la capa de mamá

– Vamos mamá, reconócelo, esa historia es de mentira… (a mi R1 le queda mes y medio para cumplir 11 años).

¡Choff! Jarro de agua fría sobre mi cabeza… Que sí, que ya lo sé, si en realidad yo creo que nunca se lo habían llegado a creer del todo, ni siquiera cuando eran muy pequeños. Pero que me lo dijeran así de golpe… me hizo darme de bruces con la realidad: mi R1 y D2, mis príncipes, mis mayores, están creciendo. Demasiado diría yo… Y oye, que estoy de un melancólico… y con la lagrimilla todo el día asomando sólo pensarlo…

 Así que llevo dos semanas con mi monofrase: ¡Prohibido crecer más! Y ellos se ríen…

Todo esto ha hecho que sea más consciente que nunca de que mis niños no serán siempre niños, y que algún día, cuando me digan lo que me llevan diciendo desde hace un par años cuando se quitan la camiseta: ¡Mamá mira! ¡Tengo un pelo en el sobaco!” Como os decía, algún día, tendré que cambiar mi contestación y decir: ¡Ostras, pues es verdad!

Raúl, San y Dani

De momento lo que me he propuesto y estoy haciendo es aprovechar al máximo mis momentos con ellos…

Antes, cuando me pedían que me quedara un ratito en la cama con ellos cuando se iban a acostar, casi siempre les decía que no, que ese era el momento en el que por fin me tocaba a mí  sentarme en el sofá y ver un ratito la tele… Esto lo he cambiado y desde hace dos semanas me tumbo con ellos un rato cuando se van a dormir o  se despiertan por la mañana y aprovecho que todavía son cariñosos con mami y les gusta darme abrazos y millones de besos. Ya no les digo que esperen a contarme algo si estoy escuchando las noticias y quiero seguir limpiándoles yo los oídos, aunque para apoyar su cabeza en mis rodillas ya no les basta con torcer un poco el cuello sino que se han de poner en cuclilllas. ¿Y todo esto por qué?  Porque quién sabe, puede que llegue un día, otra vez sin darme cuenta, que más bien se encierren en su habitación y les moleste que entre, que me oculten más cosas de las que me cuenten y que por supuesto, ya no me necesiten para limpiarse los oídos…  que a doña Adolescencia sí que la estoy yo temiendo…

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El otro día, a raíz de no sé qué conversación, me soltaron: ¡Pero si tú eres nuestra mamá luchadora!

De nuevo volvieron a sorprenderme con sus salidas…

He de reconocer que aquellas palabras me reconfortaron. Y es que puede que tal vez, exista la posibilidad, aunque ya no crean en la capa de mamá, de que para ellos siga siendo su mamá heroína, su Súper Mamá.

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El Baúl de Lucas